Ven. Me cargas. Dame un beso. Pellizcos. Arañazos. Sé que me echas de menos. Tendré que soportarte un rato hoy. Idiota. Me apetece estar contigo. Vámonos de cervezas. Celosa. Mordiscos. Te comía. Mis ganas. Las tuyas. Orgullo. Abrazos. Septiembre. Mi cama. Salamanca.
No me dejes.
No lo hagas. Por ti. Por nosotros. Por el primer día que te vi y que me daba vergüenza mirarte. Porque empece a mirarte y me llamabas mala. Porque me atacabas los nervios y sólo me salía arañarte aunque me moría de ganas de besarte. Por las caricias por debajo de la mesa.
Los "me caes mal" aún sabiendo que era mentira. Las miradas cómplices.
Tus besos desenfrenados en ese sofá a las seis y media de la mañana. Se acaba aquí.
Y volvió a empezar. Y no me canso. Me haces falta, como nada. Pero puedo seguir sin ti, por orgullo aunque sea.
No lo entiendo. No lo entendemos. Y dudo que lo entiendan.
Pero estamos nosotros. Y nadie sabe más.
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