Ven. Me cargas. Dame un beso. Pellizcos. Arañazos. Sé que me echas de menos. Tendré que soportarte un rato hoy. Idiota. Me apetece estar contigo. Vámonos de cervezas. Celosa. Mordiscos. Te comía. Mis ganas. Las tuyas. Orgullo. Abrazos. Septiembre. Mi cama. Salamanca.
No me dejes.
No lo hagas. Por ti. Por nosotros. Por el primer día que te vi y que me daba vergüenza mirarte. Porque empece a mirarte y me llamabas mala. Porque me atacabas los nervios y sólo me salía arañarte aunque me moría de ganas de besarte. Por las caricias por debajo de la mesa.
Los "me caes mal" aún sabiendo que era mentira. Las miradas cómplices.
Tus besos desenfrenados en ese sofá a las seis y media de la mañana. Se acaba aquí.
Y volvió a empezar. Y no me canso. Me haces falta, como nada. Pero puedo seguir sin ti, por orgullo aunque sea.
No lo entiendo. No lo entendemos. Y dudo que lo entiendan.
Pero estamos nosotros. Y nadie sabe más.
domingo, 2 de noviembre de 2014
domingo, 21 de septiembre de 2014
No te alejes, por favor.
Vuelve el frío. La lluvia. Las hojas por el suelo.
Y se van las noches de ginebra, los baños en la playa viendo todos los amaneceres, las noches eternas.
Ah, y todas las personas que me dan oxígeno.
Y no se que me va a hacer más falta.
Soy experta en eso de echar de menos, pero no me acabo de acostumbrar a tener lejos a lo que me salva.
Y en especial a quien ha salvado mi Agosto y está agarrandome en Septiembre.
A quien me ha devuelto la confianza y con ella una sonrisa que hacia tiempo que no veía.
Él es de esas personas que aparecen en tu vida un día, con la que compartes un par de cervezas pero nunca esperas que acabe dándote los buenos días desde el otro lado de la cama y trayendote un zumo de naranja para desayunar.
Ni que sus besos fueran la carga de pilas para superar los días.
Pero sí, es él y no se para cuanto tiempo tiene pensado quedarse.
Aunque ahora no esté.
Pero sus mensajes de "a ver si algún día te dignas a aparecer por aquí" o mis tachones en el calendario a doce días de vernos.
O las ganas. Y como en tres días me devolvió lo que otros me habían quitado.
Ojalá el destino, la vida o lo que cojones sea que te ha traído hasta mi no nos separe.
Porque estas haciendo bonito un Septiembre que duele.
Y eso no lo hace cualquiera, así que quédate.
Y se van las noches de ginebra, los baños en la playa viendo todos los amaneceres, las noches eternas.
Ah, y todas las personas que me dan oxígeno.
Y no se que me va a hacer más falta.
Soy experta en eso de echar de menos, pero no me acabo de acostumbrar a tener lejos a lo que me salva.
Y en especial a quien ha salvado mi Agosto y está agarrandome en Septiembre.
A quien me ha devuelto la confianza y con ella una sonrisa que hacia tiempo que no veía.
Él es de esas personas que aparecen en tu vida un día, con la que compartes un par de cervezas pero nunca esperas que acabe dándote los buenos días desde el otro lado de la cama y trayendote un zumo de naranja para desayunar.
Ni que sus besos fueran la carga de pilas para superar los días.
Pero sí, es él y no se para cuanto tiempo tiene pensado quedarse.
Aunque ahora no esté.
Pero sus mensajes de "a ver si algún día te dignas a aparecer por aquí" o mis tachones en el calendario a doce días de vernos.
O las ganas. Y como en tres días me devolvió lo que otros me habían quitado.
Ojalá el destino, la vida o lo que cojones sea que te ha traído hasta mi no nos separe.
Porque estas haciendo bonito un Septiembre que duele.
Y eso no lo hace cualquiera, así que quédate.
viernes, 15 de agosto de 2014
23:26 y mi sonrisa.
Me he dado cuenta que también existen las noches frías en pleno agosto,
y las noches de calor en los baños de cualquier bar a finales de diciembre.
Demasiadas reflexiones y pensamientos para un viernes de verano con la mente en mil sitios a la vez.
Aunque en mi misma primero de todo.
Porque he aprendido a que sin mi no puedo estar en nadie más.
A qué yo sin mi carmín rojo y mis tacones no sería yo las noches de sábado.
He aprendido a comerme el mundo o al menos a pisarle tan fuerte que retumbe.
Que los días malos hay que acompañarlos de cerveza y buena compañía.
Que el frío es menos frío si hay miradas y caricias capaz de arroparme.
Que a mi espejo le encanta verme despeinada y con una sonrisa de recién levantada.
Que me ha costado darme cuenta de todo esto, sí.
Pero he aprendido a ser yo.
Y a que mi sonrisa está por encima de todos esos mierdas.
y las noches de calor en los baños de cualquier bar a finales de diciembre.
Demasiadas reflexiones y pensamientos para un viernes de verano con la mente en mil sitios a la vez.
Aunque en mi misma primero de todo.
Porque he aprendido a que sin mi no puedo estar en nadie más.
A qué yo sin mi carmín rojo y mis tacones no sería yo las noches de sábado.
He aprendido a comerme el mundo o al menos a pisarle tan fuerte que retumbe.
Que los días malos hay que acompañarlos de cerveza y buena compañía.
Que el frío es menos frío si hay miradas y caricias capaz de arroparme.
Que a mi espejo le encanta verme despeinada y con una sonrisa de recién levantada.
Que me ha costado darme cuenta de todo esto, sí.
Pero he aprendido a ser yo.
Y a que mi sonrisa está por encima de todos esos mierdas.
martes, 3 de junio de 2014
21:01
Escribir y borrar. Escribir y borrar.
Es como querer escribir sobre alguien y que tu corazón te pregunte "¿qué cojones haces?"
Pues así es hoy. Un día de conflictos entre la cabeza y el corazón.
No sé quien va ganando pero me traen de cabeza.
Como tú que me vuelves loca con tus idas y venidas, con tus cambios de humor, con tus sonrisas irónicas y con tus abrazos desprevenidos.
Pero de qué me quejo si soy igual que tú.
Y qué distinta me haces ser.
Pero no dejes nunca de hacerlo, que me encanta.
Seguro que si leyeras esto me dirías que te habría gustado que te lo gritase con los ojos.
Tu puta magia, tus puta manía de hacerme feliz o no tan triste.
Y ojalá siempre la tengas siempre.
miércoles, 21 de mayo de 2014
Somos. Estamos.
Noche gris.
Sigo con la ventana abierta viendo como se disipa el humo del cigarro entre la noche y sonriéndole a una pantalla como una gilipollas.
Y echando de menos claro, eso siempre.
Pero sonriendo.
Porque he empezado a apreciar pequeños detalles, pequeños gestos.
Como los abrazos de mi madre con sus "que guapa estás tan feliz" o que llegue un idiota a la puerta de mi casa con mil regalices rojos a hacerme perder el tiempo.
O a invertirlo.
Porque desde que tengo a ese idiota he aprendido a invertir el tiempo, en mi o en sus ojos.
O en sus heridas.
Porque los dos estamos jodidos pero sabemos como comernos el mundo.
Son cosas simples, momentos absurdos en los que me río como una niña pequeña y le debo todo.
Le encanta oír mi risa y a mi ver como sonríe cuando me río.
Nos completamos. Somos. Estamos.
Y para qué más.
domingo, 27 de abril de 2014
Domingos contigo o sin ti
Ya no hay domingos malos y un poco menos malos.
Ahora hay domingos contigo o sin ti.
Quién me diría a mi que llegaría a escribir feliz. O al menos intentarlo.
Porque tengo algo o alguien que ha conseguido llenar mi vacío con el suyo, y perdonadme si me equivoco, pero dudo que haya algo más bonito que eso.
Que sí que mi guerra y mi invierno interno siguen persiguiéndome muchas noches y muchos días grises pero que tengo con quien compartirlos. Tengo con quién reírme de mis lágrimas del pasado y tengo con quién compartir cafés que sólo fueron simples promesas del pasado.
Es posible que incluso cuando me mire al espejo despeinada y con restos del maquillaje de la noche pasada me vea guapa.
No sé, es de esas personas que te hace ver todo ese caos de otra manera.
Lo reconozco, las cosquillas y las sonrisas a mitad de los besos ayudan a olvidar.
Y las llamadas a las tres de la mañana y que todo lo cotidiano tenga un poco de su magia.
Y sí, también reconozco que un clavo no saca otro clavo y qué también echo de menos el invierno de unos ojos que ya no me recuerdan.
Pero él se gana el cielo, ese que me regala cada día sin darse cuenta, y no lo cambio por nada.
lunes, 31 de marzo de 2014
El cielo de sus ojos.
Hacia mucho que no me destruía como lo estoy haciendo hoy.
Con mil apuntes en la mesa, café y la cabeza no sé donde.
Complicado es entenderlo.
Y complicado es entenderme.
Acabo de perder otra batalla con quien cada día me demostraba que quería mi desorden.
Bueno, acabo de perder conmigo misma también.
El miedo a sentir de más, a sentir algo que no sea vacío, miedo o simple dolor me acojona. Sí, me acojona.
Suena tan ridículo, pero prefiero mi autodestrucción a destruir a quien me bajaría la Luna si se lo pidiese.
Todo por mi, por mi y por quien no deja de aparecer en cada canción, ese quien se ha llevado todas mis letras o a ese al que veo reflejado en cada charco.
Soy tan destructible, tan frágil. Constantes precipicios en mi cabeza me separan de quien me regala sonrisas cada mañana, quien me lleva a desayunar al puto culo del mundo, quien en medio de la multitud de una discoteca me susurra "me encanta esta fiesta, pero ahora te quiero para mi" y largarnos a un portal a entendernos un poco o a desentendernos.
Me separan del puto cielo de sus ojos. Pero ya no sé si quiero ese cielo o el invierno de otros ojos.
Con mil apuntes en la mesa, café y la cabeza no sé donde.
Complicado es entenderlo.
Y complicado es entenderme.
Acabo de perder otra batalla con quien cada día me demostraba que quería mi desorden.
Bueno, acabo de perder conmigo misma también.
El miedo a sentir de más, a sentir algo que no sea vacío, miedo o simple dolor me acojona. Sí, me acojona.
Suena tan ridículo, pero prefiero mi autodestrucción a destruir a quien me bajaría la Luna si se lo pidiese.
Todo por mi, por mi y por quien no deja de aparecer en cada canción, ese quien se ha llevado todas mis letras o a ese al que veo reflejado en cada charco.
Soy tan destructible, tan frágil. Constantes precipicios en mi cabeza me separan de quien me regala sonrisas cada mañana, quien me lleva a desayunar al puto culo del mundo, quien en medio de la multitud de una discoteca me susurra "me encanta esta fiesta, pero ahora te quiero para mi" y largarnos a un portal a entendernos un poco o a desentendernos.
Me separan del puto cielo de sus ojos. Pero ya no sé si quiero ese cielo o el invierno de otros ojos.
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